Sensibilidad

Hemos perdido los sentidos

Hemos perdido los sentidos. Los hemos perdido casi sin darnos cuenta, cuando todo a nuestro alrededor parecía indicar su triunfo: culto al cuerpo, exaltación de la sensualidad en un frenesí de consumo, de viajes y de experiencias paroxísticas. Los hemos perdido […]

De los sentidos, aquellos verdaderos, no quedan más que pálidas máscaras, sucedáneos, mixturas insulsas e indigestas. Inundados de imágenes, aturdidos por el ruido, embrutecidos por la vulgaridad y la banalidad, anestesiados por los desodorantes y los perfumes, atontados por los tranquilizantes, nos hemos encontrado, de un día para el otro, con una sarta de prótesis sofisticadas (teléfonos móviles, smartphones, máquinas fotográficas microscópicas…) y cada vez más insensibles: ajenos al dolor del mundo y, sin embargo, dispuestos a derramar una lágrima de compasión cuando la muerte se hace espectáculo, cuando –como en un estudio de televisión– se enciende una velita por la muerte de Lady Di o por la última masacre en Iraq.

P. Pisarra, Il guardino delle delizie, Roma 2009, 15.

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