+ Un día, durante la meditación matutina, oí esta voz: Yo Mismo soy tu guía, he sido, soy y seré; pero como Me pediste una ayuda visible, te la he dado. Lo había elegido antes de que Me lo pidieras, porque esto lo requiere Mi causa. Has de saber que las faltas que cometes contra él, hieren Mi Corazón; evita especialmente actuar a tu gusto, que en cada cosa más pequeña haya un sello de la obediencia.
Con el corazón humillado y anonadado pedí el perdón al Señor Jesús por aquellas faltas. Pedí el perdón también al Padre espiritual y decidí más bien, no hacer nada, que hacer mucho y mal.
Oh Jesús bueno, Te agradezco por esta gran gracia, es decir, de darme a conocer lo que soy por mí misma, miseria y pecado, nada más. Por mi misma puedo hacer una cosa solamente, es decir, ofenderte, oh Dios mío, porque la miseria por sí misma no puede hacer nada mas sino ofenderte, oh Bondad infinita.

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