1 No tengas por mucho quién es por ti o contra ti; mas ten cuidado que sea Dios contigo en todo lo que haces.
2 Ten buena conciencia, y Dios te defenderá.
3 Al que Dios quiere ayudar no le podrá dañar la malicia de alguno.
4 Si tú sabes callar y sufrir, sin duda verás el favor de Dios.
5 Él sabe bien el tiempo y la manera de librarte, y por esto te debes ofrecer a él en todo.
6 A Dios pertenece ayudar y librar de toda confusión.
7 Algunas veces conviene para nuestra humildad que otros sepan nuestros defectos y los reprehendan. Cuando el hombre se humilla por sus defectos, entonces fácilmente aplaca y mitiga los otros y satisface a los que están sañosos con él.
8 Dios defiende y libra al humilde, y al humilde ama y consuela, al humilde se inclina, y al humilde da grande gracia, y después de su abatimiento lo levanta y lo honra.
9 Al humilde descubre sus secretos, y le trae dulcemente a sí, y le convida.
10 El humilde, recibida la injuria y afrenta, está en mucha paz; porque está en Dios y no en el mundo. No pienses haber aprovechado algo, si no te estimas por el más bajo de todos.
Tomás de Kempis, Imitación de Cristo, Trat. 2º, Cap. 2

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