Navidad S.S. Benedicto XVI

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría

«Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10). Es la alegría del hombre al que la luz de Dios le ha llegado al corazón, y que puede ver cómo su esperanza se cumple: la alegría de quien ha encontrado y ha sido encontrado.

«En­tra­ron en la casa, vie­ron al niño con Ma­ría, su ma­dre, y ca­yen­do de ro­di­llas lo ado­raron» (Mt 2,11). (…)

Ante el niño re­gio, los Ma­gos adop­tan la pros­ký­ne­sis, es de­cir, se pos­tran ante él. Éste es el ho­me­na­je que se rin­de a un Dios-Rey. De aquí se ex­pli­can los do­nes que a con­ti­nua­ción ofre­cen los Ma­gos. No son do­nes prác­ti­cos, que en aquel momen­to tal vez hu­bie­ran sido úti­les para la sa­gra­da Fa­mi­lia. Los do­nes ex­pre­san lo mis­mo que la pros­ký­ne­sis: son un reco­no­ci­mien­to de la dig­ni­dad re­gia de aquel a quien se ofrecen. El oro y el in­cien­so se men­cio­nan tam­bién en Isaías 60,6 como do­nes que ofre­ce­rán los pue­blos como ho­me­na­je al Dios de Is­rael.

La tra­di­ción de la Igle­sia ha vis­to re­pre­sen­ta­dos en los tres do­nes —con al­gu­nas va­riantes— tres as­pec­tos del mis­te­rio de Cris­to: el oro ha­ría re­fe­ren­cia a la reale­za de Je­sús, el in­cien­so al Hijo de Dios y la mi­rra al mis­te­rio de su Pa­sión.

Benedicto XVI, La infancia de Jesús.

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