En la homilía de la fiesta de Pentecostés, el 29 de mayo, señalaba Romero que era normal que la Iglesia fuera perseguida, por su fidelidad al Espíritu Santo, reiterando que él personalmente «en ningún momento he querido ser un confrontamiento de fuerza contra fuerza»:
La persecución es algo necesario en la Iglesia. ¿Saben por qué? Porque la verdad siempre es perseguida. Jesucristo lo dijo: «Si a mi me persiguieron, también os perseguirán a vosotros». Y por eso, cuando un día le preguntaron al papa León XIII, aquella inteligencia maravillosa de principios de nuestro siglo, cuáles son las notas que distinguen a la Iglesia católica verdadera, el Papa dijo: «Ya las cuatro conocidas: una, santa, católica, apostólica; agreguemos otra –les dice el Papa–: perseguida». No puede vivir la Iglesia que cumple con su deber sin ser perseguida. La Iglesia predica la verdad como Dios mandaba a los profetas: a anunciar su verdad frente a los embustes, a las injusticias, a los abusos de su tiempo. ¡Y cómo les costaba a los profetas! Hasta se querían huir de Dios, porque no sabían que ir a decir la verdad era sentenciarse a muerte.
Santiago Mata. Monseñor Óscar Romero: Pasión por la Iglesia.

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